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  • Bendita Crianza

Hasta pronto abuel@s, quedar@n en mi por siempre …

Actualizado: 6 de ago de 2019

Hace un par de semanas falleció a los 91 años la última abuela que tenía. Tengo la suerte de haber podido disfrutar de una abuela de cuento, como dice un primo. Una abuela dulce que cocinaba delicioso y utilizaba maravillosamente las especias.



Durante años disfruté llegar a la hora previa al almuerzo; porque, en esos momentos, se producía la magia. De sus ollas de vidrio se arrancaban los aromas más exquisitos y sabrosos. Hoy cuando camino por algún lugar y siento esos aromas, me transportan a mil recuerdos, sobretodo de mi niñez con mis abuelos.



El legado


Que importante son los abuelos, disfrutarlos, tener experiencias con ellos y vivírselos. Y si no los has tenido, no los conociste, intenta (si quieres) que te cuenten sobre ellos… Es tan especial lo que se produce, porque son parte de tu historia, de tu vida, tu linaje, de lo que tu eres hoy. Ellos encierran en si mismos tantas cosas, además de un sinfín de generaciones y tradiciones familiares.


No conocí en esta vida, a mis abuel@s paternos, pero ello no fue impedimento para saber como eran, que hacían y quienes fueron. En el caso de los maternos, pude disfrutarlos con todo lo que eso significó en las diferentes etapas de mi vida.



Recuerdo haber descubierto con mi abuela las “manualidades”, verdaderas piezas de amor, frazadas de lana tejidas en cuadritos de mil colores, pañitos de cocina estampados con sus diseños, bordados, frivolité. Me contó que todo lo aprendió en su “centro de madres”, un círculo de mujeres donde se acompañaban a vivir, a aprender, a cotorrear y aconsejarse. Ella me mostraba todo, no se guardaba ningún secreto de sus habilidades, compartía sus ingredientes, sus descubrimientos manuales y sus técnicas.

Era cariñosa, siempre tomaba mis frías manos entre las de ella, que llenas de arrugados saberes me reconfortaban delicadamente y entregaban calor.

Mi abuelo era más serio, pero no por ello menos cariñoso. Tenía gestos y modismos tan divertidos con los que me entregaba amor; una forma diferente a la que quizás “yo esperaba”, pero eso no me impedía acurrucarme sobre sus piernas. Me enseñaba canciones de marineros, me invitaba a caminar por el campo con bastones que hacíamos de ramas de árboles.

Todo lo que hacía y tenía me parecía curioso. Como sus antiguos implementos de enfermero que guardaba en un maletín añoso. Con ellos me curó muchas veces de mis heridas. Él estuvo para mi… y siempre que vio mis lágrimas con sus pañuelos de tela las secó.


Mi dicha

Hoy ya no me quedan abuel@s viv@s, pero tuve la fortuna de haberlos disfrutado. A los que me acompañaron a transitar mi camino en vida, atesoro sus aromas, sus gestos, nuestras aventuras y conversaciones y a los que no conocí, mi papá y mis tíos se encargaron de compartirme sus historias. Es un regalo, poder ver fotos de ellos y tocar antigüedades de sus hogares. Siempre me produjo una sensación mágica inexplicable. Me impresiona y no deja de sorprenderme poder observar mi linaje tan presente…

Hoy les fomento a mis hij@s que gocen a sus abuel@s. Mis padres son los abuelos que yo siempre soñé para ell@s. Y es maravilloso ver como mis tres enan@s, solo al saber que nos reuniremos tod@s junt@s, se les dispara el corazón de felicidad y se desbordan de luz y alegría. Esas que salen por sus ojitos brillantes y se dibuja con una sonrisa de oreja a oreja.


Los abuelos no mueren te entregan tanto que te queda impregnado en el alma, sea lo que sea que hayas vivido con ellos, se te queda alojadito en el corazón hasta cuando tu decidas.

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